Para Marisol, uno de los grandes desafíos consiste en lograr que los propios oaxaqueños conozcan y valoren mejor el patrimonio que tienen frente a ellos.
La historia de la capital, sus monumentos, las zonas arqueológicas y las expresiones tradicionales forman parte de una herencia que, considera, todavía necesita ser explorada con mayor profundidad.
Su propuesta es contar las historias detrás de esos referentes y convertir los detalles cotidianos en una oportunidad para comprender el pasado.
La intención no es limitarse a mostrar lugares, sino explicar los procesos históricos, las influencias culturales y las experiencias humanas que han contribuido a construir la identidad de Oaxaca.
Desde esta perspectiva, La Brújula de Antequera busca despertar la curiosidad del público y demostrar que la cultura no es un asunto distante, reservado para especialistas, sino una parte viva de la sociedad.





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